Reanudo los retos de los jueves después de unas navidades muy tristes de recogimiento personal. Las navidades han de servir para hacer balance del año y, el año más triste de mi vida, será recordado durante mucho tiempo.
Desde La Bitacora de Mar, nos deja un tema: Regalos de Reyes, aunque yo no voy a hablar de los regalos. En casa celebramos el 25 de diciembre y este año no ha habido regalos porque seguramente nos hemos portado muy mal o quizás es por que el momento no invitaba. Mi padre nos dejó un 20 de diciembre y la madre de mi marido un 28, el día de los Santos Inocentes. Y cómo no hay niños pequeños esta Navidad ha sido muy extraña. Supongo que para todos por ese maldito virus que nos han inyectado en el aire de nuestras poblaciones.
Así que, pensando en como hacer algo que no lleve a la tristeza que yo siento, os voy a explicar quienes eran en realidad los reyes magos.
NI ERAN REYES, NI ERAN TRES, NI ERAN MAGOS
Ni eran reyes, ni eran tres, ni eran magos, eran astrólogos Babilonios, hombres sabios que observaban la bóveda celeste y predijeron un fenómeno fuera de lo común, como una alineación del Sol, La Tierra, Júpiter y Saturno. Y la estrella que vieron en el cielo eran las que formaban el horóscopo del niño que nació en aquel momento, Piscis.
Tertuliano, en el siglo III d.C. fue el primero en llamarles Reyes Sabios, porque sólo reyes podían postrarse ante el nuevo rey que venía a redimirnos a todos. Algunos afirmaban que habían sido dos, pero en la catacumbas de Roma en el siglo IV d.C. aparecen de cuatro a seis. La Iglesia siria y armenia creía que lo lógico es que hubieran sido doce ya que ese era un número singular en las Escrituras: el de las tribus de Israel y también el de los apóstoles. Sin embargo, los coptos de Egipto estaban convencidos de que debieron ser sesenta los magos de Oriente que se pusieron de acuerdo para buscar al rey de los judíos. Ante semejante progresión aritmética de magos, tuvo que intervenir Orígenes en la primera mitad del siglo tercero para centrar las cosas y determinar que lo más sensato era quedarse sólo con tres, en base a los tres regalos mencionados en el evangelio de Mateo.
De todas maneras, sólo cabe decir que el número inconcluso de astrónomos que decidieron adorar a un recién nacido como Rey, lo hicieron superando las diferencias culturales de una región dividida en tribus y guiados por su pasión por mirar al cielo e interpretarlo hallaron en un establo a un recién nacido junto a su madre, María, y su padre, (putativo), José, se postraron ante él, le adoraron y le ofrecieron los presentes que cada uno de ellos traía.
Qué la Magia no nos abandone nunca!
