Es lo que ocurre cuando una enfermedad te ataca, vale la pena reflexionar qué es lo que le está pasando a tu mente. Lo que crees es lo que creas.
He pasado unos días en el hospital, me operaron de urgencias y la recuperación es lenta aunque no dolorosa. Estoy acostumbrada al dolor.
Pero hacía días que lo veía venir, los nervios me atacaban mientras estaba despierta, tenía sueños extraños, la parte emocional estaba y está muy tocada desde que murieron mis padres y mis propios hermanos me niegan la palabra por escribir un libro en el que denunciaba el abuso sexual que padecí en la infancia. Todo eso es un coctel explosivo que no sabes por donde va a explotar. Y explota, eso os lo puedo asegurar.
Toda la vida se derrumba cuando mueren los padres aunque mis padres no hayan sido lo que se dice unos padres modélicos. Tenían todas las faltas de los que han vivido una guerra y una posguerra y era difícil que demostraran su amor por sus hijos. Tenían que criarlos como a piedras, incapaces de sentir nada y aguantar de todo sin rechistar. El problema es que yo no he sido ni soy de esa manera. Al ser la pequeña, quizás se descuidaron, no los sé. Porque a mi las emociones me pueden, me matan cada día poquito a poquito, y por más que me digo que todo pasará y que no tengo que llorar, no puedo evitarlo. Cada recuerdo que me viene a la mente me hace mucho daño, no tengo recuerdos felices.
Sólo estoy aprendiendo a aceptar lo que me tenga que pasar, sea lo que sea. Al fin y al cabo los sentimientos y la falta de ellos que han demostrado mis hermanos acaban pasando factura. De eso estoy más que segura.